IG LA COLUMNA + Le fue bien a Lauro con Riquelme + Y Marco llegaría a Adquisiciones + Más movimientos en el Centro de Justicia + Protestas en el ejido La Unión+ Alfonso Cepeda, perpetuar un cacicazgo servil

Por Isidro García

“Con calma y nos amanecemos”, dice el refrán popular.

Todo apunta a que en la reunión del martes 13 le fue bien al hasta ahora director general de la Comisión Estatal de Aguas y Saneamiento (CEAS), José Lauro Villarreal Navarro, quien fue recibido en el despacho principal de la Presidencia Municipal por el alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís.

Todo apunta a que Lauro deja su cargo a nivel estatal y se reincorpora al Municipio de Torreón.

Según nuestras fuentes, Villarreal será el próximo titular del Instituto Municipal de Planeación y Competitividad (Implan), el cual se encuentra acéfalo desde la salida de Eduardo Terrazas Ramos el 22 de septiembre de 2026.

Vueltas da la vida y hay que señalar que Villarreal sustituirá a Terrazas, cuando éste lo sustituyó a él en la gerencia general del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (SIMAS).

Mientras tanto, Riquelme se reunió con el Consejo Directivo del IMPLAN para abordar los proyectos pendientes.

Como se lo comenté, Lauro ha venido trabajando lo mismo con el alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís que con el secretario del Ayuntamiento, Eduardo Olmos Castro.

Además, ha trascendido la llegada al Municipio de Marco Antonio Ortega Venzor.

En radiopasillo se comenta que el destino de Marco es la subdirección de Adquisiciones.

Esto no sería nada raro si se toma en cuenta que Marco ocupó el cargo de subdirector administrativo cuando Víctor Rodríguez Sánchez fue director de Administración de los Servicios de Salud de Coahuila de Zaragoza cuando Miguel Riquelme fue gobernador.

La salida de Martha Rodríguez Romero del Centro de Justicia Municipal de Torreón trajo consigo el cambio de gente clave que dependía directamente de ella.

Con la salida de Martha llegó Carlos de Lara McGrath, quien puso en marcha una “limpia” en la dependencia.

Con De Lara McGrath llegaron Jorge Medellín Castro y José Luis Ramos Ponce, en lugar de Marco Prone Ramírez y Humberto Palacios.

Movimientos que se dan en el contexto de una natural reestructuración administrativa.

Vuelve a hacer noticia el ejido La Unión de Torreón donde el primero de octubre hubo un ataque en la Escuela Secundaria General Número 13, con saldo de una persona fallecida y cuando menos cinco personas heridas.

Y vuelve a ser noticia porque recién hubo una “asamblea dura” de ejidatarios y las cosas se pusieron color de hormiga pues se denuncia el robo de tierras.

Tierras que por cierto tienen precios por las nubes ya que colindan con grandes sectores en desarrollo.

Así fue la convocatoria: “Se hace un llamado en general a toda la comunidad que quiera expresar su inconformidad de todo lo que hacen con abuso de poder la señora que se cree dueña de La Unión. ¿Quién se apunta?”.

La protesta la realizaron decenas de personas que portaron pancartas.

Interesante el artículo de Jorge Isaac Alvarado Alcocer publicado en la página Profelandia sobre la pretensión de Alfonso Cepeda Salas de perpetuarse en la dirigencia nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Bajo el título “El imperio de la apatía: ¿Por qué Cepeda se perpetúa en el SNTE?” y el subtítulo “Cepeda y sus secuaces necesitan y tienen cómplices: los encuentran en la complacencia de las autoridades que permiten perpetuar un cacicazgo servil…”, Alvarado hace un excelente análisis de lo que se vive en el SNTE.

Esto escribió:

“Establecer las bases de un régimen —y garantizar su supervivencia— exige cómplices en todos los frentes. El magisterio nacional, por omisión o desconocimiento, parece haberse prestado a ser el engranaje perfecto de esa estructura.

Actualmente, el 64 % de las secciones sindicales del SNTE en todo el país opera con el periodo vencido. Ninguna puede sostener que cuenta con una prórroga de la toma de nota que le permita extender el mandato para el que fue electa —y, de existir, requeriría la complicidad explícita de las autoridades laborales—. Pero ¿qué podía esperarse si la propia dirigencia nacional lleva casi tres años con su periodo caduco?

Cepeda y sus secuaces necesitan y tienen cómplices: los encuentran en la complacencia de las autoridades que permiten perpetuar un cacicazgo servil —quizá precisamente por esa misma docilidad—. Tienen cómplices en las entidades federativas que permiten a los dirigentes seccionales operar sin toma de nota (aunque, para efectos prácticos, no la necesitan: carecen de capacidad para gestionar algo real).

Mención aparte merece el magisterio disidente que, disgregado en cientos de expresiones, no logra articular una fuerza capaz de derribar las viejas estructuras que se reciclan y mutan una y otra vez. Eso también es complicidad involuntaria.

Pero lejos de estas facciones que dan su batalla, están los cerca de millón y medio de agremiados que han ingresado a la docencia desde la reforma de 2013. Ellos no conocieron las asambleas delegacionales ordinarias o extraordinarias; no experimentaron el ritualismo y la mística de gritar improperios a los dirigentes en turno para luego terminar compartiendo el pan en el convivio posterior.

Quizá por esto último absolutamente nada de lo que ocurra con el sindicato mayoritario los despeina: muchos ni siquiera están afiliados al SNTE ni a ninguna otra organización. Esa complicidad por omisión o por apatía es la que permite que Cepeda esté a las puertas de asegurar un periodo más al frente.

Dado que el experimento del voto secreto, universal y directo de los últimos cuatro años no arrojó los resultados que la cúpula esperaba —al verse expuestos al escrutinio real de las bases, el riesgo para la continuidad del “imperio de Cepeda” se volvió insostenible—, la estrategia ante la amenaza de la voluntad popular es clara: volver a la “vieja confiable”. Esa maquinaria de delegados a modo que garantiza eventos coreografiados al grito de: ¡Unidad, unidad, unidad!

Es la misma máquina de delegados que guardó silencio con Carlos Jongitud Barrios, que aplaudió la aprehensión de Elba Esther Gordillo y que aprobó salir a promover la reforma peñista a cambio de unos cuantos millones de pesos. Tal vez por eso hoy cotizan tanto sus aplausos y sus gritos de unidad al mejor postor.

El tiempo no perdonará a nadie. Tarde o temprano, los mismos que hoy le aplauden a Cepeda para que se quede gritarán ¡unidad, unidad, unidad! cuando se vaya. A eso se reduce la vida sindical: una tropicalización exacerbada de egos, un juego de viejitos que cada vez entienden menos el mundo actual, un esquema anacrónico que probablemente termine en desbandada. Una fragmentación de grupos sindicales dio origen al SNTE en 1943; tal vez ha llegado el tiempo de que una fragmentación similar acabe con él”.

Hasta aquí el imperdible el texto de Alvarado Alcocer.

Hasta mañana si Dios quiere.

EMAIL: isidro.garcia.reportelaguna@gmail.com

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